Riohacha entre la sombra y la esperanza: un llamado urgente frente a la inseguridad*Por Johan Enrique Peralta – AbogadoEn El Salvador, un país que por años fue considerado uno de los más violentos del continente, hoy se registran 900 días sin homicidios. Esa cifra, que parecería lejana para nuestra realidad, debería ser un campanazo para repensar, con seriedad y sin evasivas, lo que está ocurriendo en Riohacha.Nuestro distrito cerró el 2024 con 112 homicidios. Y en lo corrido del primer trimestre de 2025 ya se contabilizan más de 38 asesinatos. Las cifras no mienten. Nos posicionan entre las ciudades más violentas del Caribe colombiano, y lo más preocupante es que la respuesta institucional ha sido, cuando menos, insuficiente.La ciudadanía lo siente en carne propia. La percepción de inseguridad se respira en las calles, en los barrios, en las miradas de quienes prefieren dejar el celular en casa por miedo a no regresar con él. No es un asunto menor. La criminalidad no distingue ni siquiera el centro histórico, donde motorizados actúan a plena luz del día sin que haya una reacción efectiva por parte de las autoridades.Como abogado y ciudadano, hago un llamado respetuoso, pero firme, a la administración municipal y a la Policía Nacional para que dejen de tratar este tema como un problema periférico. La seguridad ciudadana debe ocupar un lugar prioritario en la agenda de gobierno. No solo por el derecho fundamental a la vida y la integridad, sino porque sin seguridad no puede haber desarrollo, ni convivencia, ni paz.Es urgente un enfoque multidimensional. No basta con más policías en las calles, aunque sí es necesario incrementar el pie de fuerza en zonas críticas. También hay que actuar desde la raíz: fortalecer la prevención del delito, revisar las estrategias actuales y explorar nuevas formas de participación comunitaria. La sociedad civil no puede estar ausente en esta lucha. Los líderes comunales, los gremios de comerciantes, los taxistas, las empresas de vigilancia privada, todos tienen un rol que jugar. La Red de Apoyo puede y debe ser reactivada con eficacia.Además, hay medidas sencillas pero poderosas que podrían hacer una gran diferencia. Mejorar la iluminación pública, por ejemplo, no solo es un derecho de los ciudadanos —a quienes se les cobra por ese servicio—, sino una herramienta clave para reducir las oportunidades del delito. Resulta inaceptable que muchas calles de Riohacha queden en completa oscuridad cada noche, convertidas en terreno fértil para la criminalidad.Otro punto neurálgico es el sistema de vigilancia por cámaras. La mayoría no funciona, y eso compromete seriamente la capacidad de reacción y prevención. Invertir en tecnología, en monitoreo inteligente, en articulación con los cuadrantes, no es un lujo. Es una necesidad impostergable.La seguridad, insisto, es un compromiso de todos. Pero ese compromiso comienza por un liderazgo claro, una estrategia coherente y una voluntad política decidida. Riohacha no puede seguir atrapada en el miedo ni condenada a normalizar lo inaceptable. Merecemos una ciudad donde podamos vivir sin sobresaltos, donde los derechos de todos estén protegidos y donde la vida no sea una estadística más.No hay tiempo que perder. La inseguridad no se resuelve con discursos, sino con acción.

